Radiografías de paisajes interiores Las composiciones pictóricas de Gabriela Aberastury
"Yo pinto mis sentimientos", respondía la joven Gabriela, cuando un pintor amigo de sus padres le preguntaba sobre sus obras tan sorprendentes, productos de una niña precoz. Era en Nueva York, al principio de los años '50, donde la pequeña artista pasaba su infancia. Criada en el seno de una familia culta y abierta, estaba rodeada de un ambiente artístico e intelectual, lleno de aventuras e inspiraciones para esta joven que se dedicaba también al piano y a la danza. Años después, Gabriela Aberastury estudiaría en su ciudad natal, Buenos Aires, con los renombrados artistas Juan Battle Planas y Leopoldo Torres Agüero. Una beca le permitió seguir sus estudios en Alemania. Fue a Kassel donde tuvo como maestros a Fritz Winter, destacado pintor de la posguerra en Alemania Occidental, y a Heinz Nickel, que la introdujo al mundo del arte gráfico. Un par de años más tarde, regresará -nuevamente con una beca- para dirigir talleres de gráfica en la Universidad de Kassel. Varias otras becas seguirán a ésta en distintas instituciones alemanas. Gabriela empieza temprano a comunicarse visualmente. Comienza como artista abstracta, en el sentido usual de la palabra, pero se trata de una pintura muy concreta para ella. Con colores y pinceladas, formas y gestos crea un mundo de signos libres: pinta sus sentimientos. Eso había dicho con firmeza. Desde temprano se encuentra impresionada por la obra de Paul Klee y Wassili Kandinsky, y sigue a estos pioneros de la pintura abstracta, pero busca continuamente nuevos rumbos. En los principios de su carrera artística, se mueve en el campo informalista-lírico, no sin referencias surrealistas y constructivistas. Tiene un "sentido caligráfico de la línea y ajustes tonales -así lo expresa Rafael Squirru, en su texto para la exposición antológica de 1990- que dan a sus composiciones un sabor musical", y en su natural evolución la obra se convierte en una "sinfonía de tonalidades" -en palabras del mismo autor-. Sus pinturas de los '50, con muchos azules, grises y verdes, luces cromáticas y rayos blancos son realmente composiciones pictóricas de una infinidad de signos rítmicos. En la década siguiente, su obra alcanza un estado de más intimidad, los colores son cálidos y hay etapas de figuración. A partir de los 70', Aberastury entra definitivamente "en el país de las maravillas del dibujo y el grabado", según lo expresó Horacio Walter Bauer en sus reflexiones sobre la artista en el mismo catálogo. Se dedica con feroz pasión a las técnicas gráficas y crea prodigios en el campo del arte, con lápiz negro y de color, con aguafuerte y aguatinta, con litografía y mezzotinta, con técnicas mixtas y collage. Introduce en su obra la geometría, que coexiste con los grafismos y elementos caligráficos. Líneas turbulentas se expanden de manera explosiva como corrientes de energía en zig-zag o espirales, y crean una atmósfera cósmica. Con el tiempo, los trazos gestuales se endurecen y en lugar de curvas y ondulaciones se forman estructuras más rigurosas, como varillas o barras que se extienden hacia espacios multidimensionales. Aparecen poliedros y planos rectilíneos con una pureza de índole renacentista, que se entrelazan entre sí para transformarse en construcciones casi arquitectónicas, cristalinas y pánicas al mismo tiempo, más laberínticas que las de Piranesi y más complicadas que las de Escher; casi imposibles de penetrar con los ojos: un verdadero "Gabinete del Dr. Faustus", como bautizó la artista a uno de sus dibujos. Se trata de caprichos geométricos que edifican un mundo mágico. ¿Que dibuja Aberastury? Sus sentimientos, nos dice, sentimientos de "un temperamento refinado y proclive al intimismo y a la reflexión", como escribió Bauer. Ella dibuja esos sentimientos también a base de la geometría, con curvas y ángulos extáticos; navega en aguas personales, expresa emociones, experiencias y aventuras que se convierten en imágenes y metáforas visuales, que no dejan revelar completamente sus secretos, los cuales permanecen, seguramente, también ocultos para la artista misma. Ella se mueve en un espacio que se quiebra y se distorsiona, que altera la cronología del tiempo -un espacio que se puede llamar surrealista, si se piensa en cuadros de Roberto Matta Echaurren u Oscar Domínguez, con sus paisajes cósmicos o de redes-. Vemos entre las obras de esos años una "Visión fantástica" junto a un "Paisaje al silencio", estamos delante de "Masculino-Femenino" y "Recuerdos-Olvido", con "Presencias" y "L'adieu", entre "El encuentro" y "El amor y el tiempo". También se descubren alusiones a elementos naturales, hay formas que parecen haber nacido en tierras de plantas o animales, y de este modo la artista, con igual facilidad, crea "Mariposas" así como un "Paisaje invernal". No faltan tampoco asociaciones musicales como en las obras "Andante y variaciones" e "Intervalo" ni referencias a la refexión filosófica y espiritual como se puede comprobar en "El eterno retorno" y "Entre un ayer y un mañana" o al universo, que está presente en "Eclipse" y "Plexo solar". Domina todo un mundo de formas para expresarse con exactitud y poesía, perfección y profundidad, rigor constructico y fantasía alucinante. En los últimos años, Aberastury ha regresado paulatinamente al campo de la pintura y, para ser más exactos, habría que añadir que se ha acercado también al campo del relieve pictórico, el cual realiza con procedimientos propios y técnicas especiales. El mundo de estas formas más recientes se adapta a la pintura sin perder el carácter de sus etapas gráficas. Hay nuevamente construcciones de una arquitectura laberíntica y refrenada, obturada y condenada como la del gran cuadro "Historia de lluvias". Aunque se amontona allí una escenografía conformada por cajas, tubos y tablas; estas configuraciones no parecen espacios, sino más bien no-espacios, y los elementos de construcción prohiben tanto permanecer como moverse. Es un mundo de de-construcción, que a través del espacio fijo y rígido despliega un mundo interior con muchos compartimentos y rincones, que a pesar de su edificación majestuosa está impregnada de melancolía y ahogo. En los demás cuadros, el problema de lo espacial ya no está resuelto según la perspectiva tradicional, sino que se desarrolla a base de otros procedimientos estéticos como la concentración y el grueso del aplicado de colores, las relaciones de claro-oscuro, contorno-plano, salpicaduras y líneas rectas. Utiliza formatos que son poco comunes, especialmente el tamaño vertical y el tamaño horizontal extremos. A pesar de las estructuras pictóricas compactas y caóticas a la vez, se encuentra un orden general muy sutil pero obvio en los cuadros. Se puede diferenciar entre dos modelos: uno es el modelo concéntrico -como puede verse en "La araña y el arquitecto"- y el otro -su modelo preferido- el secuencial, que es comparable muchas veces con estratificaciones o escenas. Podría decirse que es un modelo mundano y humano, que corresponde a nuestra capacidad de diferenciar entre el abajo y arriba, raíces y brotes, tierra y cielo, interior y exterior, instintos y deseos, cuerpo y espíritu, espacio y tiempo, inicio y fin, vida y muerte; y a nuestra pecepción de que ninguno de estos pares puede dividirse sin perder su sentido. En estos cuadros la artista ha conseguido un equilibrio entre lo natural y lo artificial, entre caos y disciplina. No por las medidas de las obras, sino por los rasgos de composición ya mencionados, estas obras tienen cierta afinidad con la pintura mural, llevan cierta monumentalidad y grandeza. Aberastury explica el procedimiento de su quehacer artístico de la siguiente manera: "Todas las obras las inicio sobre la base del sistema del automatismo para luego elaborarlas desde el gesto en sí de la geometría dentro el espacio ambiguo". Hay partes de automatismo casi natural como estas escrituras gestuales que caracterizan los cuadros "Tarde de toros" y "Carta a H", como dos ejemplos eminentes, y que dejan pensar en los "drippings" de Jackson Pollock, el héroe del action painting norteamericano. El título "Carta a H" insinua que se trata de mensajes, de signos jeroglíficos de alta tensión. Pero se encuentra también -y ese elemento se repite en la otra obra citada- un travesaño que parece un límite entre la fluctuación de los signos y nosotros los espectadores. Es una fórmula estética y al mismo tiempo se puede pensar en una barrera, que funciona como elemento de protección y exclusión, como domador de pasiones y como guardián de intimidad. Una posición especial ocupa el cuadro "El amor y otras calamidades". Aquí hay una gama de escrituras y líneas que yacen una encima de la otra, en diferentes capas, que suben y se levantan, se enredan y enrollan en un total caos. Pero ese revoltijo babélico que metafóricamente puede marcar tanto la vida interior del individuo como las relaciones entre ellos, tiene su propia belleza, belleza que sofoca y que seguramente es la que André Breton denominaba convulsiva. De semejante estructura es el cuadro "La araña y el arquitecto", que parece un espejo enmarcado, con los cristales rotos y en permanente fluctuación, entretejidos como una telaraña del tiempo. Cierto parentesco en la estructura básica hay con la obra "La ventana", que es un juego sutil entre el abrir y cerrar, destapar y cubrir. Se ve una especie de ventana con algo como barras de celosía, el enmarcado de una cortina que deja ver por la apertura sin mostrar nada. También "La isla" es como una suerte de ventana, lejana y añorante, un espejo brillante dentro del mar oscuro de la banalidad. Ha pintado en los últimos tiempos una serie de cuadros con partes sucesivas de diferente estructuración casi textil. Mientras "Amor sepia", "Como mirar el amanecer" y "Como mirar la noche" se desplieguan en lo horizontal, las tres composiciones con los títulos "Vegetal", "Mineral" y "Animal" lo hacen en lo vertical. Pintados en papel -con contornos irregulares- o en tela, representan una pintura de tipo matérica en la tradición de Antoni Tàpies, con relieves y empastes fuertes, con signos y huellas, en tonos térreos, azules celestes, verdes sabrosos y rojos ardientes. Parecen radiografías de paisajes interiores o estados de ánimo. Requieren un acercamiento meditativo que promete momentos de calma y turbulencia, de perturbación y felicidad. Felicitaciones también a la artista, quien sabe mirar con tanta firmeza y esperanza en regiones remotas y enigmáticas, regiones que podemos apreciar juntos, gracias a sus creaciones.
Michael Nungesser Berlin, verano de 2002 .
|